divendres, 24 d’abril de 2015

TERCERA REPUBLICA, LA REPUBLICA DE LOS IGUALES

Intervención de Mª Luz Morales en la XVI calçotada republicana. 

18 de Abril de 2015


Tras las sucesivas dimisiones de Miguel Primo de Rivera y Dámaso Berenguer, en febrero de 1931, Alfonso XIII pidió al almirante Aznar la formación de un Gobierno de Concentración. El objetivo fundamental era el restablecimiento de las garantías constitucionales, suprimidas desde 1923, y la convocatoria de elecciones municipales que crearan las condiciones para la celebración de unas elecciones generales.

Proclamación de la II República el 14 de abril de 1931 en Madrid
Sin duda, los poderosos eran conscientes de la indignación popular, pero no imaginaban que el descontento, la rabia y la desesperación se expresarían a través del voto y que el 12 de abril las candidaturas republicanas ganarían en 41 de las 50 capitales de provincia. En el medio rural, en cambio, los partidos monárquicos obtuvieron mayor número de representantes. La pervivencia del caciquismo y el férreo control ideológico que ejercía la iglesia, condicionaron el sentido del voto de los electores.

El análisis de los resultados y especialmente el valor simbólico de la victoria republicana en las ciudades más importantes, llevó a Sanjurjo y a Berenguer a aconsejar a Alfonso XIII que respetara la voluntad popular y abdicara.

A veces hay que cambiar a un rey para que no cambie nada...

La labor legislativa del Gobierno provisional, la defensa del laicismo, de la libertad, de la igualdad de género y de la justicia, convirtió al pueblo en republicano. Le descubrió que otro mundo era posible y que el sueño igualitario, acariaciado largo tiempo, se hacía realidad.

Los implicados en el proyecto educativo republicano estaban seguros de que una sola generación de españoles educados en los valores de la República haría imposible la vuelta atrás. Y tenían tanta razón, que cuando los terratenientes, los banqueros y el ejército monárquico, bajo el manto protector de la jerarquía eclesiàstica, prepararon el golpe militar, no contaban con la respuesta de un pueblo dispuesto a luchar y a morir por defender el modelo de sociedad que habían hecho suyo.

Después, dolor y miedo. Dignidad y lucha.

Hoy, sufrimos las consecuencias de una de las crisis más duras del sistema y la historia nos vuelve a situar en una de sus encrucijadas. Nos exige ser capaces de dar respuesta a los deshaucios , a los ERE, a los recortes en sanidad y en educación, a la usurpación de derechos que creíamos inalienables. Esa respuesta es la REPÚBLICA, porque, como decía Louis Blanquí,

La república abolirá todas las leyes fiscales que pesan sobre el consumo y sobre los objetos de primera necesidad, y no sólo no se apoyará en la necesidad del pobre para mantener el lujo del rico, sino que proveerá a la subsistencia de todos los que no puedan ganarse la vida trabajando. La república será la providencia de los infortunados, sólo tendrá un peso y una medida, abatirá a los grandes, sacará a flote a los débiles.

Conmemorar la proclamación de la Segunda república y homenajear a los hombres y mujeres que la defendieron, nos obliga a recuperar el significado de las palabras.

Debemos aprender y debemos enseñar.

Como decía Rosa Luxemburgo, hay que estar siempre detrás de las pancartas, pero armados con un discurso propio a través del cual podamos interpelar a los demás compañeros de pancarta.

Es necesario que cuando políticos freelance equiparan las plazas de la indignación con el ágora griega y se autoproclaman los portadores de las esencias , les recordemos que sí, que es cierto que hubo un tiempo en el que demócratas como Pericles, defendieron que el pueblo debía pronunciarse e intervenir en el gobierno de la polis, pero los oligarcas, que le observaban con repulsión porque, según ellos, carecía de virtud, descubrieron que si lanzaban a la arena a algunos piquitos de oro - los demagogos- que intervinieran y apabullaran a los pobres con su verborrea, éstos, incapaces de expresar lo que sentían, les cederían la representación y el control del espacio público. Se mantuvo el invento, se convirtió en un símbolo que ha impulsado a la humanidad, pero, vacío de contenido, dejó de ser peligroso para sus intereses.

Conocer el pasado nos ayuda a interpretar correctamente el presente.

Ahora que los postmodernos hablan de la vieja política y muestran su profundo desprecio hacia nosotros, incluyéndonos en ella, es preciso argumentar que sí, que somos viejos porque la injusticia, la corrupción y la desigualdad son viejas; tanto como la lucha por acabar con ellas. Y que hemos estado en todas las barricadas, porque estuvieron los nuestros. Venimos de lejos, pero somos los más dinámicos, los más inconformistas y los más críticos, incluso con nosotros mismos.

Cuando nos dicen que no somos ambiciosos y que no damos la batalla por el poder, hemos de ser capaces de responder que se equivocan, que somos los más osados, porque somos los únicos que de verdad queremos cambiar el mundo. No aspiramos a ocupar tronos personales, conquistados en una suerte de juego de tronos medieval.

Y, sí. Compartimos la crítica a las consecuencias perversas de las teorias de Huntington y Fukuyama, predicadores del pensamiento único y del fin de la historia, que pretenden acabar con los movimientos sociales, negando la existencia de alternativas al neoliberalismo. Pero hemos de ser capaces de desenmascarar a quienes se sitúan en la transversalidad, niegan la dialéctica izquierda- derecha y se convierten, en la práctica, en peones que apuntalan ese supuesto fin de la historia preconizado por mercenarios intelectuales al servicio del poder.

Hay quien diría, de la exigencia de los mercados. Por eso amigos y amigas, disfrutemos de la alegría de sentir que formamos parte de un proyecto esperanzador, pero vamos a trabajar para construir pensamiento y a disputar la hegemonia cultural como forma de cimentar la TERCERA REPUBLICA, LA REPÚBLICA DE LOS IGUALES.


M. Luz Morales

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